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domingo, 4 de abril de 2021

PALABRA DE MAESTRO: DEL SECTARISMO AL TOTALITARISMO

 

Por: Fare Suárez Sarmiento.



Hace unos días subscribí una reflexión en procura de un acercamiento hacia los elementos constitutivos del populismo, sin hacer mención del fanatismo como fuerza potenciadora de este fenómeno contemporáneo.

No hay duda de que el aspecto religioso fuera el mayor aportante a la causa populista; tal como lo expresa el escritor Yuval Harari quien “sitúa como uno de los orígenes del fanatismo el paso del politeísmo al monoteísmo”. Todos conocemos la historia sobre la sangre que se derramó hasta lograr que la iglesia católica impusiera la adoración a un solo Dios a fuego y fuego, cuando no a la amenaza, el engaño y la instauración del terror y la violencia que podrían ser ejercidos por Dios contra aquellos que negaran su existencia. Ese fanatismo inspirado en la crueldad podría confundirse con desequilibrio mental e insania, pero no, la pasión con la que adelantaba sus actos venía configurada con estrategias de demolición física de quienes pensaran distinto; incluso, la imposibilidad de acuerdo en el pensamiento y visión de mundo con la otredad sembraba el aislamiento social y el obligado encierro al lado de los que compartían sus ideas y conceptos, razón que valida lo expresado por Churchill: “fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema” cuando la identidad no solo se estructura al hacer parte de un grupo, como también al oponerse a otros grupos. Hablamos de rechazo, aversión, inquina, malquerencia y encono, sentimientos afines que provocan la constitución de una secta. Estos miembros sectarios violan preceptos legales, éticos y morales en la búsqueda de metas extremas, por lo que no les importa cometer atrocidades inimaginables contra los contradictores. El objetivo único siempre es el éxito al precio que sea.

Dentro de las características del fanatismo hallamos el dominio del espíritu de partido o movimiento. Así mismo, la adhesión de las personas alrededor de unas ideas fundamentales de las que se piensa son las únicas ciertas. Ideas que no requieren ninguna argumentación, porque se inspiran en los prejuicios sociales y resaltan la crisis que vive la humanidad. Ideas cuyo contenido circula entre la población con carácter de verdad irrefutable debido a la autoridad y caudillaje de quien o quienes discursan sobre ellas.

Rodrigo Uprimny (abogado, citado por Francisco de Roux) define al fanático “no sólo por lo que idolatra y está dispuesto a defender, sin importar el costo, sino también por lo que odia y está dispuesto a combatir, igualmente, sin importar el costo.” El fanático traduce su utopía en la creencia de que ha sido escogido para salvar a la gente de las desgracias a las cuales ha permanecido atada desde siempre. Su labor mesiánica le vale para inyectar en los seguidores falsas promesas de reconciliación con el bienestar, el desarrollo económico y la sepultura definitiva de la pobreza y la marginalidad. “El fanatismo es expansivo porque el fanático se quiere imponer, quiere eliminar al distinto, al visto de otro modo, quiere salvar a los demás y sacarlo de su modo de vida equivocado e infeliz. No se crea que la única manera de eliminar al otro es asesinándolo; al otro también se le elimina convirtiéndolo en alguien como uno”. La cooptación a través de la seducción persuasiva o de la compra de conciencia, también libera al fanático de las presiones que pudieran ejercer los medios de comunicación contrarios. Ya el fanático convertido en caudillo por sus acólitos amplía su poder tomando por asalto económico o con prebendas a los funcionarios de alto rango institucional. Estrategia que inmuniza los actos por fuera de las normas legales, que garantizan la hegemonía faraónica del caudillo.

El dogmatismo absoluto que porta el discurso del falso mesías, adquiere un valor incuestionable que incita y excita el espíritu de cruzada e insta a los seguidores a combatir a los contrarios llamados detractores. La ceguera irracional de los fanáticos acentúa el egoísmo e incrementa la disposición al sacrificio personal y familiar en favor del grupo o movimiento; tal como lo cuenta Jonathan Haidt en su libro la mente de los justos donde afirma que “la moral que cohesiona a un grupo tiende a hacer a los integrantes de ese grupo ciegos frente a las evidencias o argumentos que contradicen su visión moral compartida”. Mientras el contenido discursivo del otro contradiga las tendencias y acciones de los fanáticos, el autoengaño y la radicalización asomarán sus altos niveles de oscuridad mental, tesis sembradas en la lógica del solipsismo (No puedo comprender al otro si no pertenece a mi grupo). De ahí, las posibilidades de conversión en sujetos peligrosos con fácil y rápido tránsito de las palabras a los hechos; es decir, uso de la fuerza para impulsar cualquier agresión lesiva contra el que piensa y actúa distinto. Acto que confirma el precepto de que “el fanático rechaza con vehemencia la duda, el cuestionamiento y el escepticismo. Todo aquel que pide pruebas, interroga, descree, se vuelve enemigo del fanático”. No hay posibilidad de diálogo, no se permite la refutación por medio de la argumentación que desvirtúe las verdades esgrimidas por el fanático.

El fanatismo presenta expresiones donde las masas son la fuerza aportante y el poder para activarla contra el pensamiento divergente. Así lo muestran en el deporte, la cultura, la religión, la música y –desde luego– la política. Los fanáticos son sujetos rígidos con ideas sobrevaloradas e intolerancia al cambio y visión unilateral de la realidad. Los fanáticos precisan la presencia de un enemigo externo al que atribuyen todas sus frustraciones; ese enemigo puede traducirse en una situación alarmante, un estado de crisis o una afectación masiva que pueda también ser utilizada como cultivo para la exaltación constante del espíritu de los seguidores. En igual sentido el fanático siembra el sentimiento mixofóbico como pretexto para alejarse del otro alegando razones distintas, pero que facilita el agrupamiento sectario con los que piensan igual. La astucia del fanático líder lo lleva a promover movimientos sectarios que fabrican eslóganes, construyen discursos, crean colores distintivos con alguna fulguración que se insertan en la memoria de la gente.

En poco tiempo, el caudillo se percata de la fascinación popular y prepara el escenario para la conquista de sus sueños. Su principal arma estratégica: el lenguaje chamánico que expresa conjuros contra todos los males que hierven en la sociedad y estragan directamente a los más pobres. Actos calculados, fanáticos con la investidura de soldados y ansias de poder que se toman por asalto todo lo que obstruya el camino para consolidar su fuerza. Aún los samarios y especialmente los docentes, recuerdan aquel diciembre aciago en que el entonces alcalde Hugo Gnecco Arregocés se llevó más de cinco mil millones de pesos destinados para la cancelación salarial de fin de año de los maestros del Distrito de Santa Marta. Ese fue el mismo que subió al podio de la alcaldía vendiendo la falsa esperanza de acabar con la dinastía Vives, entronados por mucho tiempo en los privilegiados escenarios de poder político. Y lo consiguió gracias a la compra inmisericorde y vergonzosa del voto junto con la utopía de cambio sembrada. Tanto, que hasta el coro de un disco vallenato quedó grabado en la memoria de los samarios por un largo período. “Se acabaron, se acabaron ya” aludía no tanto a la victoria de Gnecco como la alegría por la derrota de los Vives, según el cliché de sus fanáticos de aquel entonces. El estribillo que justificó el ascenso de Gnecco era que el pueblo samario no votó a favor de él, sino contra la dinastía Vives.

En la actualidad, hallamos un fanatismo pluralizado, escindido en varias corrientes de expresión. Contamos con un fanático insertado en el pensamiento de Abraham Lincoln: “todos los hombres nacen libres, pero es la última vez que lo son”. Aludimos a los sectores estupidizados por una tendencia ideológica falsa que se ha movido en espacios sangrientos como la connivencia con paramilitares, una falsa ideología política que ha surcado caminos de esperanza como la izquierda democrática y una ideología conductista que basada en la exaltación ideoléxica semejante a la de Gnecco robotiza al ejército fanático y lo sitúa en franquía para que detenga cualquier asomo de rebelión ideológica contraria. Esta facción de la secta atingida, sumisa y cosificada es la que más se aproxima a la caracterización del fanatismo anotada líneas arriba, aunque no se lo lleva todo, le reserva una fuerte dosis de ninguneo al fanatismo por interés personal. Aludimos al trozo de correligionarios equipado con intelectuales, profesionales con paredes llenas de títulos y diplomas honoríficos, jóvenes ávidos de un presente esperanzador que lo ayude al trazo de un futuro sin afugias ni vicisitudes. El marcado interés personal traducido en desempleo – principalmente– de estos fanáticos fugaces es mantenido en alerta y bajo disimulada vigilancia por el cortejo selecto que reporta los actos al caudillo, quien sospecha que entre más formación profesional tenga un fanático, mayor será el riesgo de cambio de bando, razón suficiente para retenerlo con amenaza de que, si no es con él, no será con nadie, como reza el adagio popular del marido dominante y maltratador; muy semejante al wellerismo de Eric Hoffer. “la gente que muerde la mano que lo alimenta, normalmente lame la bota que lo patea”. Nos preocupa –eso sí– la pírrica distancia entre el fanatismo y el totalitarismo. A veces creemos que el abrazo entre los dos tiene lugar cuando el caudillo enajena, humilla y pordebajea hasta a su comité de aplausos.

 

martes, 25 de agosto de 2020

NO ME REGALEN EL AÑO


PALABRA DE MAESTRO

NO ME REGALEN EL AÑO

                                                                                        Fare Suárez Sarmiento

     Contrario a lo que podría pensarse, los padres de familia han alzado la voz para rechazar el inminente regalo del año escolar. Tal vez, nos hallemos frente a sinceros sentimientos de pudor y razonamientos justicieros que han acercado a las familias a la comprensión del apagón pedagógico que propició la migración de los niños y jóvenes. Los padres han admitido que la escuela no les debe ni está obligada a la promoción de grado per se, no obstante, los obstáculos y otras realidades que han limitado el acceso a los saberes académicos. La vejez de la escuela no ha podido colocarse en línea con la TICnizaciòn impuesta porque –entre otras razones- las tics han permanecido ninguneadas del monopolio curricular al lado de educación ética y en valores humanos, educación artìstica, educación religiosa, educación física recreación y deportes, cátedra de la paz, ciencias económicas y ciencias políticas.

    Hoy, esa acentuada ticsfobia está cobrando con creces la exclusión y ha estimulado un vórtice de remordimientos que ha instado a la escuela a ver la educación como es, incluso como podría ser, no como fue. No podemos esconder que nuestras ideas, imaginación creativa y voces propositivas han quedado coaguladas del sinnúmero de inyecciones de miedo que en fuertes dosis descargan sobre nosotros los medios masivos de información debido a la pandemia.

    De igual manera, la escuela ha optado por deferir sus acciones a los mandatos oficiales sin someterlos a un examen pedagógico para probarles a los gobernantes que la ruina social de los usuarios de la escuela se erige como la rémora silenciosa que históricamente ha ocultado las condiciones de esta parte de Colombia que no vive, sino subsiste en el tiempo detenido. Quizás ahí radica la culpa de la escuela, guardar silencio y ayudar a pintar el cielo a sabiendas de que los maestros no manejan bien los rodillos. Tal circunstancia entrega razón para aceptar la sugerencia, o mejor, cumplir con la orden de promover a todos los estudiantes sin que medie la responsabilidad en el cumplimiento de los deberes escolares. En realidad la escuela tiene que debatir los argumentos que habrá de esgrimir para salir bien librada del linchamiento social que se avecina. 

     El ausentismo total en los encuentros y la no entrega de las guías de aprendizaje diligenciadas y resueltas enturbian la noble y loable decisión de evitar la desaprobación del año escolar de muchos alumnos. Se tiene noticia que entre el quince y veinticinco por ciento oscila el número de estudiantes que ha desaparecido del mapa virtual. De otra parte, han rodado videos de madres que muestran su desacuerdo por la prevista decisión, aduciendo que la escuela no debe premiar a quien no ha mostrado interés por continuar con su proceso de aprendizaje; ello implicaría castigar a los niños y jóvenes quienes de la mano de los padres y adultos en el hogar han mostrado disciplina académica y responsabilidad. Los buenos estudiantes esperan que sus esfuerzos y dedicación lleguen a ser feraces, como también claman justicia para que la pereza e importaculismo de los otros sean castigados.

     Aunque este es el sentir y pensar sembrado en la escuela desde la naturalización del individualismo competitivo; ese que reconoce y exalta que por cada primer puesto habrá treinta y nueve hundidos en la frustración. A pesar de las posiciones encontradas frente a la promoción sin condición, vale la pena tender sobre el tapete de la discusión el hecho de los niños y jóvenes desheredados de la historia, cuyos padres se resisten a cumplir con los mandatos de la escuela, bien sea por crasa incapacidad económica o por resentimiento social, en cuyo caso, son aquellas familias que esperan que la escuela le resuelva sus problemas académicos y hasta les llenen los vacíos en la nevera. 

     Ya se ha dicho que la escuela no es una pista de competencia, lo que promueve no es aplaudir ni destacar quién es el primero, ni mucho menos, apostarle al determinismo académico con los que vienen detrás; claro que no, ese efecto Pigmalión tan cotidiano en el quehacer pedagógico, tendrá que pasar al paredón reflexivo durante la construcción de la “escuela de la esperanza” que vendrá sostenida en el pico del ave Fénix. Ojalá que sí.

lunes, 15 de junio de 2020

EXPECTATIVA SOCIAL


Fare Suárez Sarmiento 
El sistema educativo colombiano es una de las franjas de la sociedad que goza del milagro de la longevidad; ni siquiera el poder del neoliberalismo local ha querido arrasarlo, así que podríamos incluirla en la tesis del poeta Ospina donde plantea que una de las características de la producción industrial contemporánea es la obsolescencia programada: la bombilla que debe alumbrar pero también fundirse en determinado tiempo. Pues, la educación nuestra se fundió desde el siglo XX, ni siquiera el advenimiento de las ntics ha logrado estremecer sus raíces, como tampoco lo pudieron la psicología, el surgimiento de la pedagogía y ahora la neurociencia. 
No obstante, el vértigo de los nuevos vientos anuncia nuestro anhelo de abandonar el muro de las lamentaciones y conjugar –por fin- voluntades, conocimientos y experiencias para crear el ejército pedagógico destinado a extraer de sus ruinas aquellos pedazos del sistema que han inmovilizado por décadas la civilización de la escuela. 
La crisis nos ha puesto a debatir sobre el cadáver insepulto de un sistema que venció la resistencia del magisterio; una concepción ideológica de educación para sostener la pobreza, maquillada con algunos trazos políticos inscritos en la Ley General 115 de 1994, que auguraba buenos designios y que un sector grueso del magisterio colombiano aplaudió y bendijo, sin prever su inminente descuartizamiento con la expedición de Decretos, Resoluciones y Directivas ministeriales que poco a poco fueron desvencijando los escasos avances de esa Ley. 
La oleada de conferencias, seminarios y talleres con las herramientas de la ntics, nos ha situado en una realidad contextual, a la vez que ha ratificado el analfabetismo tecnológico en el que se halla sumida la educación pública. De hecho, la pandemia reveló sin eufemismos las históricas inequidades de carácter estructural, como también coyuntural que se acentúan más en los pantanos de miseria en los que ser pobre 
no es una condición, sino una decisión política para que lo público preserve su categoría de beneficiencia, lo cual inocula en el imaginario de la gente la percepción de Estado Democrático. Sin embargo, debemos ser cuidadosos, no podemos cubrir todos los estadios falentes de la educación pública; por el momento llamemos a la prudencia para que el sosiego acompañe las decisiones que derivarán de todas las reflexiones en curso. Bien sabemos que abordar conjuntamente el problema de la crisis estructural en materia logística con las calamidades que presentan los postulados pedagógicos es un acto que demanda mucho tiempo y energía; este aparte, esencia de la realidad académica de la escuela, exige – sin duda- concepciones feraces de las que podamos elegir las pertinentes como base sobre la que descansaría todo un proyecto educativo distrital con una parada estacionaria sobre lo local, como se ha venido mencionando en la ciudad. Recordemos que esta crisis educativa desborda las consecuencias manifiestas de la pandemia en sentido estrictamente educativo; es decir, una vez resuelto el inconveniente de la ralentización pedagógica con la esperada ineficiente conectividad, persistirán los vacíos epistemológicos y los planes, programas y proyectos seguirán vestidos con discursos ajenos a las urgencias formativas de los niños y jóvenes. 

Las expectativas de los maestros se encuentran en el más elevado nivel, el hecho de escuchar con sonada insistencia que nada será igual después de la pandemia, conduce a despertar –por un lado- un optimismo relativo a una transformación cuya retoma de la democracia escolar reorientarìa la práctica pedagógica; de otra parte, el pesimismo asoma su olor a fracaso; lo que equivale a expresar que muchos maestros dispersos, indiferentes, alejados de la coyuntura comunicacional con los expertos, aseguran que todo volverá a su rumbo histórico en el cual el aula será el único escenario para la enseñanza y las áreas y asignaturas, en las dosis asignadas, la única fuente posible de aprendizaje. Pero igual, se trata de expectativas, así lo sienten las comunidades, los alumnos, los niños, los jóvenes y toda la sociedad que no cesa de escuchar que “el mundo cambió” y que a partir de “nada será igual”

ESCUELA Y POSMODERNIDAD


Fare Suàrez Sarmiento 
Cualquiera podría pensar que el repentino vórtice de didácticas y metodologías para ganarle al covid 19 constituiría el salvoconducto para entrar al siglo XXI, XXII? sin importar el tiempo transcurrido. Los especialistas y expertos en educación han sido muy generosos con su tiempo y con la gratuidad de las conferencias emitidas por las redes sociales. También el Ministerio de Educación Nacional ha brindado sus aportes en este sentido, junto con algunos sindicatos y círculos pedagógicos. Parte de la tarea aún se halla en desarrollo, la escuela hace lo posible por sostener el contacto académico con las familias, no obstante los muros continúan inexpugnables, esos que no le dan tregua a la pobreza para que los escale. 
Muchos creemos que la infodemia (mal intencionada o no) generada por la crisis, servirá de caldo de cultivo para activar la inteligencia virtual del maestro y con ella la inclusión de novedades en sus recetarios de acciones pedagógicas. En realidad la escuela no necesita erigir sobre las miles de inminentes tumbas una pirámide cargada con los dispositivos añorados por la sociedad para que el siglo XXI le abra sus puertas: las tesis de Freire, las teorías críticas de Apple, Giroux, Mockus, Marcos Raúl Mejía y muchos otros, sólo esperan que la escuela colombiana libere las cadenas de la colonización académica y empiece a paliar su mentalidad catequizadora para entrar a fumigar y arrancar de la rutina las costras de un pasado abrazado a Comenio, a Montessori y hasta el padre Gaspar Astete. La desintoxicación de la monotonía pedagógica es uno de los requisitos para que la ciencia y la cultura obtengan el permiso social, la familia tendrá la obligación moral de volver a creer y tal vez participe del nuevo aliento de desarrollo que ha de incorporarse a la educación: la comunidad de aprendizaje. 
Mientras la escuela derriba los muros de contención que la han mantenido secuestrada, una insurgencia infantil y juvenil se podría declarar en ayuno académico. Recordemos que el hastío sembrado sobre “más de lo mismo” golpea bien fuerte a los niños y jóvenes. Si toda la inspiración eufórica deviniera en realizaciones, o por lo menos, en proyectos de fácil asimilación de los alumnos; si los regaños y consejos de Zubirìa, si los talleres del doctor Montoya, los Foros Renata, las charlas con maestros de Alarcón, entre un montón de posibilidades pedagógicas, no alcanzan para sufragar presuntos vacíos; si la escuela ya comenzó a vencer los miedos a pesar de las necesidades técnicas y de la nesciencia del maestro, podemos aferrarnos a la esperanza de sentarnos en las primeras filas de la posmodernidad; pero si persiste en acentuar su sisbenizaciòn pedagógica, no habrá maneras de redimirla de su claudicación como entidad sociológica fundada sobre principios que han de fomentarse en las nuevas generaciones para alcanzar la ciudadanía. 
Vale la pena, separar los debates sobre educación, aunque la conexión entre las partes es dialéctica e indisoluble. Hay que insistir que el maestro no hace ningún abono conceptual a la estructura del sistema, tampoco determina las normas que legalizan e imponen el currículo con los pilares que lo definen: estándares, competencias y evaluación; sin embargo el estar excluido de todo el aparato educativo, no lo exime de la responsabilidad que le asiste en –basado en la autonomía institucional y la presunta libertad de cátedra- decidir sobre la relevancia y pertinencia de los mandatos curriculares y así, llegar a ser propietario de un discurso y constructor de un auténtico pensamiento crítico. 
Los otros obstáculos que frenan el ingreso a la posmodernidad son: el consejo directivo cuando opera como un fantasma sin proponer nuevas miradas, otras formas de avanzar en los procesos de aprendizaje; el consejo académico que exhibe su obsecuencia normativa en lugar de debatir y definir las rutas para alcanzar los fines de la educación, sustancia clave recuperable de la Ley General; después surgen las comisiones de evaluación y promoción (juntas?), conformadas, más para cumplir con lo dispuesto en la legislación que por la convicción de la necesidad de un camino confiable y así percatarse de qué tan lejos o qué tan cerca estuvo la escuela de la realización de sus sueños. 

Nos hemos quedado degustando la nostalgia, retrotopìa que traduce el pasado en un fenómeno clásico que se resiste a envejecer. Cada vez más exaltamos la añoranza por la creencia heredada de que la vieja generación transfirió valores que los milènicos han pervertido o no han luchado por su preservación. Las leyes del mercado los devoraron. La cuestión es cuál ha sido el impacto en la escuela. Cuáles temas de agobio a la sociedad son objeto de análisis, Por qué la escuela no debate acerca de los peligros del mundo hobessiano descrito por Rubén Blades en su disco Tiburón. Confiamos en la natural longanimidad del maestro para enfrentar, vencer y cooperar con la escuela en el propósito de saltar el muro del rezagamiento histórico de la educación. Aprovechemos este cuarto de hora efervescente en el que la ocupación social se centra y concentra sólo en la educación y en la salud para propiciar un acercamiento solidario con las familias, antes de que lleguen los múltiples opios del pueblo y la atención sobre la escuela se desvíe o se sepulte. Tal vez, si lográramos cultivar más y mejor las relaciones con las familias, tendríamos una fuerza adicional dispuesta y disponible a luchar por una educación realmente digna y desisbanizada para los hijos. Tengamos presente que las puertas del siglo XXII permanecerán cerradas si la escuela continúa observando el tamaño del muro en lugar de reconocerse como factor activo en el siglo XXI, dueña de una historia, cuyo propósito es poner en contacto el mundo con la escuela, definición muy cercana al concepto de enseñar

lunes, 30 de julio de 2018

¿FRACASÓ LA EDUCACIÓN DIVERSIFICADA EN COLOMBIA?



    En el año de 1970 se implementó la educación diversificada en Colombia en el marco de las cuatro estrategias de desarrollo propuestas por el presidente Carlos Lleras Restrepo. Se trataba en esencia de un modelo pedagógico que tenía un doble objetivo: permitir a los jóvenes la culminación de sus estudios de secundaria que los preparase para la educación superior y, al mismo tiempo, el acceso al mercado laboral a través de la formación de los mismos en estudios técnicos desde el octavo grado de la Educación Media en electricidad, electrónica, agropecuaria, comercial, promoción social y construcción, áreas definitivas para avanzar en el desarrollo económico del país.

     A pesar de la vigencia de sus propósitos, el panorama actual de la educación diversificada en Colombia es desalentador. Cuando la administración de la educación fue asumida por los entes territoriales, algunos de estos optaron por cancelar la mayoría de los programas técnicos; y otros, no realizaron la inversión necesaria para mantener la infraestructura necesaria para su funcionamiento, lo cual trajo como consecuencia el deterioro de las mismas, la falta de recursos, materiales e insumos para la práctica de los aprehendientes y por supuesto, el bajo nivel de preparación de los estudiantes. Así las cosas, se perdieron los propósitos unificadores, la dirección única del MEN, la programación, la supervisión de los avances o retrocesos, la capacitación de los docentes de las áreas técnicas, etc. 

   Abandonados a su suerte, los INEM agonizan entre penurias mientras las administraciones locales y regionales pretenden esconder su ineficiencia en el falso supuesto de que el SENA puede suplir de mejor manera los programas técnicos. Es bien sabido que los programas impartidos por el SENA tienen como único objetivo la inclusión de los aprehendientes en el mercado laboral como obreros calificados en algún aspecto técnico puntual que impide la profesionalización de los estudiantes.

     Únicamente, algunos de los INEM se han preocupado por renovar su infraestructura sin que ello signifique la permanencia de sus objetivos primordiales. Ojalá se revise el modelo que a nuestro modo de ver es hoy más valido que en el momento de su creación e implementación.     


sábado, 16 de diciembre de 2017

¿CUÁL ES EL LÍMITE EN LA INCLUSIÓN DE NIÑOS Y JÓVENES CON DISCAPACIDADES MENTALES EN EL ÁMBITO ESCOLAR COLOMBIANO?

          
     La inclusión de niños y jóvenes con discapacidades en el aula escolar de todos los establecimientos educativos, oficiales y privados, en todo el territorio nacional, se encuentra reglamentada por el Decreto 1421 del 24 de agosto de 2017  emanado del Ministerio de Educación Nacional, en el cual se especifican claramente la identificación, el diagnóstico, la inscripción en el SIMAT, las condiciones, los procesos, la flexibilización curricular, la evaluación, el seguimiento y el informe a las autoridades del sector educativo de la implementación de la inclusión, exigencias todas que se deben tener en cuenta para la aplicación de la misma. Igualmente, se subroga (se anula) la Sección 2 del Capítulo 5, Título 3, Parte 3, Libro 2 del Decreto 1075 de 2015.

     El documento de diecinueve (19) páginas, constituye un muy loable intento por cumplir el mandato consignado en los Artículos 13, 67, 44 y 47 de la Carta Política y reglamentado por las Leyes 115 de 1994, artículo 46; 361 de 1997, 762 de 2002,  1145 de 2007, 1346 de 2009, 1616 de 2013 y 1618 de 2013.

     A nuestro modo de ver, el Decreto en cuestión. es bastante completo. Sin embargo, no precisa el alcance o límite de la inclusión en lo referente al grado de escolaridad en los casos de discapacidad intelectual. Bien es sabido y está soportado por numerosos estudios que, el nivel de abstracción únicamente se alcanza alrededor de los quince años del desarrollo evolutivo humano e igualmente, que los niños y jóvenes con discapacidad intelectual claramente diagnosticada, alcanzan en algún momento el nivel de incompetencia para continuar estudios superiores en los cuales se requiera de la simbolización, la abstracción y las habilidades metacognitivas (estrategias de resolución de problemas y de adquisición de aprendizajes) como por ejemplo,  el aprendizaje de las matemáticas, la filosofía, la lectura crítica y otras habilidades superiores de pensamiento. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Cómo conciliar el mandato legal con la realidad objetiva?

     He ahí el "embudo". Cualquier razonamiento lógico, nos llevaría a creer que el límite estaría señalado por la incapacidad de lograr progresos significativos en cualquiera de los grados, luego de aplicar todas las estrategias pedagógicas ("estilos particulares de aprender de cada estudiante y del grupo en general, con el fin de implementar una atención "personalizada", pero a la vez "colectiva" que pueda dinamizar interacciones favorables al aprendizaje", Vivas, 2010), el subrayado es nuestro. Se puede inferir que la inclusión no puede ser parcial como a veces se pretende; por el contrario, debe abarcar a todo el grupo de estudiantes; además, no se cumple el objetivo con supuestos "estudios dirigidos" que no contemplan la interacción grupal. La aplicación de metodologías,  modelos y teorías sobre estilos de aprendizaje posibles (véanse: Modelo de Felder y Silverman (1988), Modelo de David Kolb (1984), Modelos de los Hemisferios Cerebrales (1905), Modelo de Programación Neurolingüística de Bandler y Grinder (1972), Modelos de las inteligencias Múltiples de Gardner (1983) y Modelos de Dominancia Cerebral de Ned Herrmann (1982), tampoco resuelven los problemas presentados; algunas veces se contraponen. No podemos detenernos en la abundantísima bibliografía existente en la neurolingüística y en la pedagogía, ya que no es nuestra intención la descripción de las múltiples posibilidades que se nos brindan para abordar la temática que nos preocupa.Sin embargo, recomendamos la lectura atenta de la obra "Desarrollo humano" de las autoras Diane E. Papalia, Sally Wendkos Olds y Ruth Duskin Feldman, en la cual se hace una detallada descripción del proceso de evolución humana en lo referente a los saberes y habilidades que se deben desarrollar en las distintas etapas; y por ende, se pueden inferir las dificultades que pueden presentar niños y jóvenes en la adquisición de los mismos.

    Además, el interrogante inicial tampoco se resuelve de esa manera. Tradicionalmente, se ha recomendado que estos niños y jóvenes realicen estudios en áreas del conocimiento en las cuales las exigencias sean menores; muchas veces, se logra una inclusión exitosa en el ámbito laboral a través del desarrollo de las habilidades motoras o de oficios muy puntuales. Sin embargo, surge un cuestionamiento: ¿quién debe tomar la decisión acerca del límite o mejor, del grado de incompetencia de un estudiante en particular? ¿Un equipo interdisciplinario? ¿Los padres de familia? ¿La institución educativa? ¿La autoridad educativa territorial correspondiente? De no hacerlo, estaríamos condenando al estudiante a la reprobación reiterada de grados o lo que es peor, engañaríamos a padres de familia y estudiantes con una aprobación poco ética.

     De todo lo anterior, se puede concluir, la necesidad de un cambio radical en todos los procesos educativos que se ofrecen en las instituciones educativas tanto públicas como privadas de todo el territorio nacional, el cual supone entre otros requerimientos, la capacitación de los docentes, la concienciación de los padres de familia de los estudiantes con discapacidad intelectual (quienes muchas veces no aceptan las condiciones especiales de sus hijos y pretenden que la escuela resuelva los problemas sin su participación), la aceptación de los mismos estudiantes de sus limitaciones.

    ¿Están preparadas las instituciones educativas de Colombia para asumir los retos y desafíos que suponen una inclusión en los términos expresados por la legislación?


     Por último, ¿Cuál es el límite en la inclusión de niños y jóvenes con esta discapacidad específica en las escuelas y colegios?


                                                               Álvaro Gómez Castro
  






domingo, 10 de diciembre de 2017

sábado, 19 de agosto de 2017

EL PROPÓSITO DE LA EDUCACIÓN


                                   ¿Cómo puede un mosquito volar bajo la lluvia sin que resulte aplastado por ella?

Como referente obligado para retomar una cuestión tan fundamental, debemos en primer lugar, revisar cuáles han sido los ideales predominantes en los modelos educativos y retrotraer este primer interrogante hasta la época de la Ilustración y a los debates que sobre la educación superior y la educación de las masas, se suscitaron en ese período. Dos modelos básicos se enfrentaron: Aprender la mayor cantidad de conocimientos de acuerdo con programas preestablecidos para repetir lo ya conocido; y el otro, aprender cierto tipo de estructuras que le permitan al estudiante inquirir, crear, innovar, desafiar lo establecido; este es el modelo de la Ilustración. Desde la implementación del enfoque tradicional, pasando por Skinner hasta llegar al enfoque crítico social se han propuesto diversos tipos de aprendizaje fundamentados en estos dos estilos. A través de la educación, se transmiten los elementos de la supraestructura social (Ideología, lengua, religión, tradiciones, costumbres...). Por ello, la institución educativa es el objetivo fundamental de todos los gobiernos que buscan perpetuar la estructura establecida. ¿Qué conviene al sistema? La institución educativa se convierte en una cuestión ideológica y política, basada fundamentalmente en los intereses de la supraestructura, entendida como sistema socio-económico-político dominante que dista mucho del ideal libertario propugnado por el modelo de la Ilustración. Son varias las reflexiones que propone sobre el tema Noam Chomski en el vídeo que presentamos a continuación. Nos vemos alcanzados por estructuras dominantes que buscan más que una educación libertaria, un adoctrinamiento para aceptar la estructura social establecida.

De la misma manera, se refiere al impacto que ha tenido el uso de la tecnología en la educación; que se puede o no adquirir a través del uso del Internet, su utilidad en la educación de hoy; el valor de la educación en sí misma sin los amarres que implica un sistema económico; la evaluación y la autonomía son abordados por el lingüista, antropólogo y filósofo desde una perspectiva puntual: ¿Qué tipo de hombres queremos formar? He ahí la cuestión fundamental.

viernes, 6 de julio de 2012

LA LECCIÓN DE JOHN KEATING: MÁS ALLA DEL "CARPE DIEM"


No existe en la historia del cine un filme tan significativo sobre los cambios de paradigmas en la educación y los subsiguientes choques generacionales como “La sociedad de los poetas muertos”. La historia tiene especial connotación para los jóvenes de hoy. 

El inicio de las clases en la academia Welton marca la diferencia entre dos paradigmas diametralmente opuestos: la tradición, basada en principios inmutables, representada por los  profesores y la innovación propuesta por John Keating, un profesor egresado de las mismas aulas. La aparición de Keating en el aula marca el inicio del cambio: entra silbando, propone a sus estudiantes salir del salón; frente a la galería de fotografías de viejas promociones, los invita a escuchar las "voces" de sus antecesores; susurra a sus oídos: Carpe diem.

La curiosidad incita a los jóvenes a averiguar sobre su maestro; se enteran que había pertenecido a una sociedad cuando estudiaba en la academia, averiguan el lugar donde se reunían y reviven sus intereses. Los cambios no se hacen esperar: las vocaciones afloran y por supuesto, también los problemas.                      
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La obra tiene un antecedente notable: el poema "No te detengas" de Walt Whitman, el cual reproducimos a continuación:
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NO TE DETENGAS

                                                      Walt Whitman

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...

En último termino, la invitación o la propuesta es sencillamente hacer lo que deseamos verdaderamente hacer. El enfrentamiento de uno de los jóvenes con su padres, termina trágicamente en el suicidio al no encontrar una forma de escapar a las expectativas paternales.

El final de la historia es fácilmente predecible: Keating es expulsado finalmente de Welton, pero los estudiantes lo despiden de pie sobre los pupitres. Es el triunfo del innovador frente a la mediocridad de la rutina y de la tradición descontextualizada.

Invitamos a nuestros lectores a disfrutar de este magnífico filme y por supuesto..."CARPE DIEM"